martes, 25 de agosto de 2009

RESPETO, SOY ARGENTINA


El fútbol argentino está atravesando una crisis muy profunda en el ámbito de clubes y también en la Selección Nacional. La cuestión, más allá de los problemas económicos en las instituciones deportivas, es netamente futbolística.

Los equipos más importantes del país ya no pisan fuerte en los torneos internacionales y la impronta que dejaron años atrás lentamente está siendo borrada y olvidada. Lejos quedaron el River de Francescoli, el Boca de Bianchi o el Independiente de Bochini.

Ya se les perdió el respeto a todos estos clubes, los cuales quedan eliminados rápidamente de las competiciones importantes o ni siquiera tienen la chance de participar en ellas.

Toda esta situación se fue trasladando al Seleccionado Nacional, planteles sin alma, que ya no tienen la mística creada por sus antecesores, esa que los llevó a ganarse la respetuosidad de las distintas selecciones del mundo.

Jugadores que cruzan el charco y se presentan a las órdenes del DT de turno, sólo por compromiso, para cumplir y luego volver a sus correspondientes equipos.

Pareciera que la camiseta celeste y blanca no tiene el mismo peso e importancia que tenía antes. Un ropaje que el argentino común, amante del fútbol, sueña por las noches con poder vestirlo y que llega a considerarlo una capa más de su piel, es desprestigiado por otros que tienen la oportunidad divina de transpirarlo.

Quizás para algunos deportistas pese más el dinero y el prestigio otorgado por jugar en el viejo continente, que el amor por la tierra que los vio nacer y los catapultó a la gloria. Cuando cambie ese pensamiento, se podrá volver a soñar con llegar a la cima del fútbol mundial.

Hoy es imposible lograr un objetivo si no se trabaja en conjunto y a pulmón, ya que un equipo no puede ser sólo un hombre más diez. La materia prima está, pero hay que saber como usarla.